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Nevaco Global
26 de septiembre de 2026

Gorriarán Merlo, el hombre que escapaba mientras sus compañeros morían: el ERP, el asesinato de Somoza y el ataque a La Tablada

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28 de octubre de 1995, una camioneta blanca transita una desolada ruta mexicana. Dentro van dos hombres, dos argentinos, y una mujer, nicaragüense. No tienen apuro. Se dirigen, sin que nadie sepa, a Chiapas, al campamento del Comandante Marcos. Apenas pasando el pueblo de Tepotzotlán, varios vehículos del ejército y de la policía mexicana salen de la nada y se cruzan en su camino. Les piden que bajen y se identifiquen. Los hombres se muestran renuentes. Los sacan de la camioneta y con los brazos retenidos en la espalda, los empujan contra el capot blanco. La mujer queda parada a un costado, mientras la vigilan. Les preguntan sus nombres. El que manejaba dice: “Jorge Denti, soy argentino”. El otro permanece callado. Recién responde la tercera vez que le exigen que se identifique: “Juan Rodríguez, uruguayo”.

Uno de los integrantes del escuadrón mira una foto, gira a la fuerza la cabeza del hombre pelado, para verle la cara completa y, con la victoria en la voz, anuncia: “Es él”.

Finalmente, Enrique Gorriarán Merlo, líder del ERP y responsable del ataque a La Tablada, era detenido después de permanecer décadas como clandestino. A las pocas horas reconoció su verdadera identidad.

Al día siguiente, estaba en vuelo hacia Argentina. El gobierno mexicano se ahorró los problemas (y las demoras) de la extradición gracias a que llevaba consigo un pasaporte uruguayo falso y con él había ingresado a México. Lo deportó, la expulsión del país fue inmediata. Gorriarán Merlo, que hasta ese momento había parecido inasible, enfrentaría por fin a la justicia argentina por el trágico levantamiento de La Tablada de enero de 1989.

Veinte años atrás, el 22 de septiembre de 2006, moría uno de los personajes más oscuros de la historia contemporánea argentina: Enrique Gorriarán Merlo. Murió en una cama del hospital Argerich a los 64 años, por un aneurisma en la aorta abdominal.

Antes había liderado uno de los grupos armados más virulentos de los setenta. Había secuestrado y matado. Se fugó de la cárcel. Intentó tomas de cuarteles en diferentes décadas, todas con un final sangriento. También fue sicario a sueldo de gobiernos extranjeros y asesinó en Paraguay al exdictador nicaragüense Tachito Somoza. Erp, fuga de Trelew, Cuartel de Azul, Cuba, muerte de Santucho, exilio, Cuba, Sandinismo, Somoza, MTP, la Tablada.

Gorriarán Merlo pasó más de la mitad de su vida preso o en la clandestinidad.

Algo que sorprende: sus compañeros de militancia, de aventuras, de combate, murieron de manera violenta en eventos de los que él siempre salió indemne. Él fue el único que siempre logró sobrevivir.

En 1972 protagonizó una fuga de gran espectacularidad de la cárcel de Trelew. Él estuvo, junto a Santucho -líder del ERP, la organización armada que integraban-, dentro de los seis que lograron tomar un avión y escapar a Chile. Otros 19 quedaron en el aeropuerto; pocos días después los fusilarían en medio de la noche y 16 serían asesinados. Con el regreso democrático, el ERP volvió a la clandestinidad y continuó operando. Decían que no era contra el gobierno ni la democracia pero que seguirían atacando a los militares. Los atentados y secuestros no se detuvieron. En enero de 1974 encabezó el intento de copamiento de la guarnición militar de Azul. Los atacantes querían armas y municiones. Fue asesinado el jefe de la guarnición y su esposa y también un soldado. Hubo varios heridos de gravedad y el coronel Ibarzábal fue secuestrado. Gorriarán y el ERP lo tuvieron cautivo durante meses hasta que lo mataron con un disparo a quemarropas cuando sólo pesaba 35 kilos. En ese ataque murieron 3 guerrilleros del ERP y otros 12 fueron detenidos. Gorriarán siguió sano y libre. En esos años sus apodos, sus nombres de combate, eran El Pelado, Comandante Ramón o Ricardo. Luego fue degradado por la organización y enviado a hacer trabajo de campo a diversas provincias debido a su accionar como encargado de ese ataque. Eso lo salvó de estar presente en Monte Chingolo. En julio del 76, ya con la Dictadura en el poder, tras un enfrentamiento, cayó Roberto Mario Santucho, líder del Erp; su esposa también fue desaparecida durante esa jornada. En el hecho también murieron otros guerrilleros. El día anterior, Gorriarán Merlo había estado reunido con Santucho. Se salvó por horas. Santucho había sido encontrado después de años de búsqueda. El hecho tuvo otra consecuencia inmediata en el ERP: Gorriarán Merlo quedó como el líder de la parte militar ante la acefalía, mientras que Luis Mattini era el de la parte política. Hasta el día de hoy se habla de que hubo un entregador que denunció la guarida- hasta ese momento inhallable- de Santucho.

Después llegó el exilio y el tiempo en Nicaragua integrando el gobierno Sandinista. Y una misión de la cual Gorriarán asumió, una vez más, el liderazgo.

La llamaron Misión Reptil. Siete hombres argentinos y una nicaragüense -la misma que años después fue detenida en México y convertida en pareja de Gorriarán- se trasladaron a Asunción para asesinar al exdictador nicaragüense Tachito Somoza. Utilizarían sus conocimientos previos -más todo lo aprendido en Cuba y Nicaragua en los últimos años sobre técnicas de combate- para cercar y liquidar a su objetivo. Mucho después, Gorriarán dijo que había sido una misión nacida exclusivamente de su voluntad e ideada por ese grupo de argentinos, que sólo le comunicaron a las altas esferas de Nicaragua -Daniel Ortega y algún jerarca más- lo que iban a hacer. Cuesta creer que así haya sido. Con el tiempo se habló de zona liberada y hasta de la ayuda de la CIA. Lo cierto es que tenían armamento que habían logrado ingresar a Paraguay, dinero para la logística y facilidades para moverse hasta ultimar a Somoza.

Alquilaron un kiosco en la esquina de la mansión del exdictador desde dónde vigilaron sus movimientos y pudieron descifrar su rutina. También alquilaron una mansión que estaba justo enfrente. Lo hicieron con un ardid ingenioso. Le dijeron a la dueña que buscaban la propiedad para Julio Iglesias que en pocas semanas llegaría a Asunción para filmar una película. Pero que el cantante necesitaba tranquilidad y pasar desapercibido por lo que le pedían la mayor discreción posible. Pagaron varios meses por adelantado y por un valor superior al del mercado (una vez ocurrido el homicidio la justicia paraguaya apuntó contra el propietario y le costó creer esta historia).

Leé también: No declararon los imputados por la “Masacre de Trelew”

El día indicado Daniel El Gordo López -un militante histórico del ERP que terminaría muerto en La Tablada- cruzó un auto delante del vehículo de Somoza. Hugo Irurzún, el Comandante Santiago, intentó lanzar un RPG-7, un explosivo con una especie de bazooka, pero el proyectil no salió. Gorriarán con un M-16 se paró frente al auto blanco de Somoza y disparó. Y disparó. Y disparó. 30 tiros que mataron al chofer, a un acompañante y al dictador (luego Gorriarán siempre se referiría al hecho con el eufemismo “ajusticiamiento” pero se trató de asesinato). Irurzún en un segundo intento logró su disparo y destruyó el auto. Voló el techo, varias de las puertas laterales, el paisaje interior quedó devastado y sin ningún rastro de vida. Los custodios de la casa y de un auto de escolta abrieron fuego contra los atacantes. Según Gorriarán estaban a cinco metros de distancia pero él no fue alcanzado por ninguna bala. Quien cayó fue Irurzún, el Comandante Santiago (Gorriarán dijo que era el mejor combatiente del ERP) no fue visto nunca más. No se sabe si murió en el intento de fuga o si fue apresado y luego desaparecido. Una vez más un compañero que participó de la misma acción es abatido y Gorriarán sobrevivió. Una protección superior (entendiendo superior por algún ente no celestial). El periodista Rogelio García Lupo escribió que fue sorprendente la facilidad con la que logró escapar el grupo y se permitió dudar de la verdadera filiación política de los atacantes, dando a entender que hasta podían tener vinculaciones con el dictador paraguayo Adolfo Stroessner.

Con el regreso de la democracia a la Argentina fue uno de los incluidos en el Decreto 157 que firmó el presidente Alfonsín apenas asumió y que ordenaba el juzgamiento de los líderes de las organizaciones armadas (el 158 hacía lo mismo con los comandantes de las tres juntas militares). Pero Gorriarán continuaba en la clandestinidad. En el medio se le adjudicó financiar la editorial Puntosur (dónde editó un libro de conversaciones) y Página 12 en sus primeros años.

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