Almacenar un medicamento en el lugar equivocado, dejarlo expuesto al calor o la humedad o tirar un remedio vencido al inodoro son acciones cotidianas para muchos. Sin embargo, pueden comprometer la calidad del producto, generar riesgos para la salud y contribuir a la contaminación ambiental.
“Guardar correctamente un medicamento es una parte esencial del tratamiento. Una conservación inadecuada puede comprometer su calidad y, en consecuencia, afectar su eficacia o seguridad”, señala Carolina Sian, directora de Asuntos Regulatorios de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe).
La primera recomendación es sencilla: leer el prospecto y respetar las condiciones de conservación indicadas. No todos los productos necesitan lo mismo, pero, como criterio general, deben permanecer en un lugar seco, protegidos de la luz y alejados de fuentes de calor y humedad. Por esa razón, aunque pueda resultar práctico tenerlos a mano, el baño y la cocina no suelen ser los lugares más adecuados para almacenarlos.
También es importante mantenerlos fuera del alcance de niños y animales y conservarlos, siempre que sea posible, en su envase original. Esto permite identificarlos correctamente y mantener la información necesaria para utilizarlos.
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Los medicamentos que requieren refrigeración necesitan un cuidado adicional. Según las recomendaciones de CAEMe, conviene ubicarlos preferentemente en el estante central de la heladera, y no en la puerta ni en el fondo, donde la temperatura puede presentar mayores variaciones.
Otra medida sencilla es revisar el botiquín periódicamente y separar aquello que esté vencido, deteriorado o que ya no se necesite.
Las farmacéuticas Marisol Gómez y Raquel Sánchez Aparicio recomiendan incorporar esta revisión como un hábito de una o dos veces al año. La fecha de vencimiento es un dato central, pero también hay que prestar atención al estado del producto.
En el caso de los cosméticos, por ejemplo, cambios en el olor, color o textura pueden indicar que ya no deben utilizarse. Los protectores solares requieren especial cuidado porque una exposición prolongada a altas temperaturas puede alterar sus características.
La consideración más importante es que los remedios vencidos no deben tirarse al inodoro ni al lavatorio. Los principios activos pueden llegar al ambiente y generar contaminación. Tampoco se recomienda quemarlos o enterrarlos.
“En la Argentina, los medicamentos y productos farmacéuticos descartados están incluidos dentro de los residuos peligrosos por los riesgos que pueden representar para las personas y el ambiente cuando se eliminan de manera inadecuada”, explican Gómez y Sánchez Aparicio.
Por eso, la primera opción debería ser consultar cuál es el sistema de recepción disponible en cada ciudad. Farmacias, municipios o autoridades sanitarias pueden informar sobre campañas y puntos habilitados para recibir medicamentos vencidos o en desuso.
“Otro aspecto poco conocido es la contaminación de los cosméticos. Si un producto fue utilizado durante una infección, puede ser recomendable descartarlo. Es el caso, por ejemplo, del maquillaje de ojos tras una conjuntivitis”, detallan las farmacéuticas.
Hay, además, diferencias según la presentación. Comprimidos y cápsulas, líquidos, cremas y productos inyectables no necesariamente tienen el mismo circuito de descarte.
Desde CAEMe señalan que, cuando no existe un programa específico de recolección, los comprimidos y cápsulas pueden retirarse de los blísteres y colocarse dentro de un recipiente con materiales como tierra, arena, yerba o café usados, cerrarlo y desecharlo junto con los residuos domiciliarios comunes.