En un contexto de altísima volatilidad para el mercado energético global, Brasil pateó el tablero de los combustibles y reabrió el debate sobre el rumbo de las energías renovables en la región.
El Consejo Nacional de Política Energética (CNPE) oficializó este martes un incremento en la proporción obligatoria de etanol anhidro mezclado con la nafta, elevando el corte regulatorio del 30% al 32%.
La medida, largamente anticipada por el poderoso sector sucroalcoholero pero demorada tras sucesivos aplazamientos políticos, entrará en vigencia a partir del 1° de agosto y tendrá una validez inicial de 180 días, con opción de prórroga por un único período idéntico.
La jugada del principal socio del Mercosur no es casual. Se produce en un momento en que el barril de crudo volvió a superar los US$86 en los mercados internacionales, impulsado por el rebrote de las tensiones en Medio Oriente, las restricciones marítimas en el estratégico estrecho de Ormuz y la imposición de nuevos aranceles sobre el tránsito de cargas.
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Para el gigante sudamericano, que aún debe importar cerca de 15% de la nafta que consume para abastecer su parque automotor, la mayor presencia de biocombustibles en los surtidores locales actúa como un verdadero chaleco antibalas económico y productivo.
La decisión de la administración federal representa una inyección masiva de dinamismo para el agro del país vecino.
Según estimaciones de la Asociación Brasileña de la Industria de la Caña de Azúcar (UNICA), la puesta en marcha del corte al 32% generará un aumento inmediato en la demanda doméstica de etanol de unos 1000 millones de litros anuales, sobre un volumen de consumo que actualmente ronda los 12.500 millones.
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El complejo agroindustrial asegura estar más que preparado para responder al desafío comercial de manera inmediata.
La expansión de la oferta local viene empujada por dos motores agrícolas de altísimo rendimiento: por un lado, el despegue del etanol de maíz, consolidado fuertemente gracias a la entrada en operación de modernas plantas de procesamiento en el corazón de la región Centro-Oeste; por el otro, la eficiencia de los ingenios de caña de azúcar, que optimizaron su capacidad de molienda y almacenamiento para enfrentar la actual campaña de cosecha.
En total, el sector proyecta un incremento productivo de unos 4000 millones de litros para la presente zafra, lo que garantiza el abastecimiento del mercado interno sin generar presiones desmedidas sobre las cadenas de materias primas alimentarias ni desequilibrios en las exportaciones de azúcar.
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Desde la perspectiva económica interna, el ministro de Minas y Energía de Brasil, Alexandre Silveira, adelantó que la mezcla no solo achicará la salida de divisas por importación sino que redundará en un beneficio directo para el bolsillo de los automovilistas, estimando una reducción de aproximadamente 0,03 reales por litro de combustible en los surtidores.
Asimismo, los cálculos técnicos de la cartera energética señalan que el cambio evitará el ingreso de unos 450 millones de litros de nafta extranjera al mercado local, consolidando el sendero hacia la autosuficiencia energética que busca el Poder Ejecutivo brasileño.