Honda ha advertido de que podría cancelar la construcción de su octava planta de ensamblaje en Norteamérica si no se garantiza la continuidad del acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (T-MEC).
La multinacional japonesa se encuentra al límite de su capacidad productiva en la región y necesita levantar una nueva factoría operativa para el año 2030. Sin embargo, Noriya Kaihara, el vicepresidente ejecutivo de la firma, confirmó en Washington que la falta de un marco regulatorio estable obligará al grupo a «cambiar de rumbo» y tomar una decisión definitiva en un plazo máximo de dos años.
La advertencia de Honda se suma a la creciente presión industrial sobre la Administración de Donald Trump, inmersa en una tensa renegociación del pacto comercial. El fabricante nipón absorbe por ahora el sobrecoste de los aranceles sin trasladarlo al comprador final, a pesar de los recientes gravámenes del 50% impuestos por Washington sobre bienes canadienses y la inminente respuesta de Ottawa.
Este clima de incertidumbre ya fue denunciado por otros gigantes del sector como Hyundai Motor, que alertó de que las dudas regulatorias bloquean más de 20.000 millones de dólares en inversiones estratégicas en suelo estadounidense.
Paradójicamente, la inestabilidad energética mundial ha disparado las ventas de Honda. El encarecimiento de los combustibles a raíz del conflicto entre EE. UU. e Irán catapultó la demanda de sus modelos de bajo consumo, firmando el pasado mes de julio su mejor registro comercial en siete años con un salto del 36% en ventas.
Ante este cambio de tendencia del mercado, la compañía ha rediseñado por completo su hoja de ruta: retiró su objetivo de que los eléctricos puros supusieran una quinta parte de sus entregas para 2030 y anunció el lanzamiento de 15 nuevos modelos híbridos.
Este giro estratégico ha supuesto congelar de forma indefinida su proyecto de vehículos eléctricos y baterías en Canadá, valorado en 11.000 millones de dólares. Además, el grupo canceló tres modelos a baterías previstos para EE. UU. y trasladó la producción del Civic híbrido desde Japón a su factoría de Indiana.
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