La mejor opción para México en relación al T-MEC sería que la revisión del Tratado, que formalmente inicia el próximo 27 de mayo en la Ciudad de México, se concrete en fast track y concluya el 1 de julio, plazo establecido en el propio Tratado y que por cierto fue de las condiciones de Donald Trump en su primer periodo como Presidente para firmar el T-MEC que sustituyó al TLCAN.
El problema es que este escenario óptimo no se va a cumplir. El Tratado también establece que el 1 de julio, México, Estados Unidos y Canadá deberán decidir si el T-MEC se renueva por 16 años, o inicia un desgastante y complejo proceso de revisiones anuales durante un plazo de 10 años, hasta 2036.
La mala noticia es que Marcelo Ebrard, secretario de Economía, ya reconoció que lo “más probable” es que las negociaciones, a las que ni siquiera se ha incorporado aún a Canadá, no estarán terminadas el 1o de julio y que Jamieson Greer, titular del USTR, ya le manifestó que habrá revisiones anuales, lo que preocupa a empresarios principalmente en sectores clave como automotriz, y autopartes, agropecuario, farmacéutico y energía por la incertidumbre ante la amenaza constante de aranceles y de reglas de origen cada vez más estrictas.
La expectativa es que las empresas de Estados Unidos presionen también a Greer y a Trump para una revisión exitosa del T-MEC y así quedó más que claro en el Foro realizado en Washington por la National Association of Manufacturers (NAM), la Concamin y la Canadian Manufacturers and Exporters Association.
Los industriales de los tres países ratificaron su apoyo decisivo en la revisión del T-MEC y el mensaje para el presidente Trump de que el USMCA - por sus siglas en inglés - se ha traducido en inversiones, cadenas de valor y empleos en Estados Unidos.
Ebrard está confiado también en el que el cada vez más complejo tema de la seguridad y el caso concreto de las acusaciones contra los 10 políticos de Sinaloa, no afecte las negociaciones del T-MEC y ojalá así sea porque el éxito en la revisión del T-MEC es sin lugar a dudas clave en la reactivación de las inversiones del sector privado.
El Premio Limón Agrio es para Víctor Rodríguez Padilla, quien finalmente dejó la Dirección General de Pemex aunque por ser amigo cercano de la presidenta Claudia Sheinbaum cayó parado porque lo defendió, negó que su salida estuviera relacionada con el derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, o los recientes incidentes en refinerías, y además seguirá en el gabinete como director del Instituto de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) en el que seguramente se sentirá más a gusto, tendrá una responsabilidad menor y saldrá de los reflectores.
Rodríguez Padilla fue un pésimo director de Pemex. Tendría que haber renunciado desde que él mismo reconoció, que dos meses después de iniciado, que no estaba informado sobre las causa del derrame petrolero lo evidenció su falta de control en la empresa.
Rodríguez Padilla, pasó de científico y supuestamente experto en temas energéticos, a dirigir - sin ninguna experiencia - la empresa más grande del país y evidentemente fracasó. Tanto el mega derrame que fue culpa de Pemex, como los recientes incendios en refinerías ponen la lupa sobre problemas de mantenimiento, y adicionalmente heredó de su antecesor una deuda a proveedores de más de 500 mil millones de pesos que en año y medio se ha reducido en menos del 20% y tiene en jaque a la economía del sureste. Tampoco pudo combatir el problema del huachicol que sigue en aumento; y la producción en el primer trimestre de 2026 es de 1.4 millones de barriles diarios muy por debajo de la meta de 1.8 millones dbd.
El mayor logro de Pemex bajo la administración de Rodríguez Padilla es la reducción de la deuda que bajó de 100,000 mdd a 79,000 mdd, que se debió a los apoyos recibidos por el gobierno, la exitosa colocación de bonos que realizó el secretario de Hacienda, Édgar Amador en coordinación con Juan Carlos Carpio quien era el director Financiero (CFO), hoy nuevo director de Pemex y a quien le tocará la nada fácil tarea de enderezar el barco.
Habrá que darle el beneficio de la duda a Carpio aunque el problema de Pemex no es sólo financiero, sino también operativo.
El Premio Naranja Dulce es para Daniel Hajj, CEO de América Móvil quien al participar en el Foro M360 Latam, organizado por la GSMA, organización global que agrupa a operadores de telefonía móvil, puso el dedo en la llaga al quejarse nuevamente los altos costos del espectro radioeléctrico en México.
El costo del espectro, el más alto del mundo, dijo Hajj ,es uno de los obstáculos para nuevas inversiones y para desarrollar nuevas tecnologías como el despliegue de la red 5G.
El colmo es que las quejas caen en oídos sordos; La CRT anunció un esquema de descuentos en el espectro sólo durante el Mundial para garantizar la cobertura de internet.