El periodo de extinción del T-MEC (10 años) será una temporada de huracanes económicos si el gobierno mexicano no logra garantizar la certidumbre para los inversionistas, nacionales y foráneos.
Confirmada la decisión del gobierno de Donald Trump de no continuar con el acuerdo comercial, se activó la cláusula que facilita su terminación en una década pero con revisiones anuales.
El gobierno mexicano sabe que, tarde o temprano, la incertidumbre de estas negociaciones anuales podría ser el dique que frene la inversión en el país, con las consecuencias económicas negativas que desde ya se pueden prever.
Marcelo Ebrard, el secretario de Economía, reconoció que, a partir de la reunión de ayer, lo más importante es determinar con claridad los términos de la primera revisión anual, correspondiente a este 2026.
No se sabe, por ejemplo, si las negociaciones previas que Ebrard y su equipo sostuvieron con sus homólogos de Canadá y Estados Unidos, servirán de base o si se tirarán al bote de basura, pues ahora el escenario es otro.
No se conoce, por ejemplo, cómo se manejará el tema de los aranceles impuestos al acero y al aluminio mexicanos, o los componentes de origen en la industria automotriz.
¿Cómo se manejará el tema agrícola, los cupos, los aranceles, las reglas de origen?
Ebrard rechazó que la confirmación de la posición de Estados Unidos pudiera tener un impacto negativo en el corto plazo en la economía nacional porque según su visión, los mercados ya habían asimilado el escenario que finalmente se confirmó ayer.
Ya se verá con detalle la situación, después del espejismo mundialista.
Por cierto, algunos morenistas del grupo de los duros o los “puros’’, sonrieron socarronamente luego de la confirmación de la decisión del gobierno trumpista.
Creen que se trató de un fracaso de Ebrard, lo que lo descarrilará de la sucesión presidencial en el 2030.
Pero el funcionario podría hacer de esa situación su relanzamiento si los términos de la negociación anual del T-MEC son lo suficientemente sólidos como para amortiguar el impacto que tendrá en nuestra economía.
En todo caso, no fue un “fracaso de Ebrard’’, sino de todo el gobierno de la 4T, que mezcló asuntos político-policiacos con la renegociación del acuerdo comercial.
Sobre ese tema en particular, tanto el PAN, en voz de Ricardo Anaya, y el PRI, en voz de su presidente, Alejandro Moreno, culparon al gobierno y sus escándalos por sus presuntos vínculos con el narcotráfico, de la negativa de Trump para prorrogar por 16 años el T-MEC.
Anaya dijo que “Morena se está pudriendo’’ por las supuestas negociaciones de varios de sus connotados militantes (y funcionarios) con Estados Unidos para lograr beneficios penales y por la protección que le han dado al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.