Tito López, presidente del gremio industrial, sostiene que los impuestos representan una pesada carga que compromete hasta el 63 % de la rentabilidad de las compañías en Venezuela
No fueron solo los terremotos. Los empresarios del país se enfrentan a otras “tragedias”, muchas de ellas de vieja data. Al repasar los análisis de los principales líderes del sector privado de Venezuela, la situación remite a fallos crónicos que ameritan una revisión profunda por parte de las autoridades del Estado.
Tito López, presidente de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), ofreció su diagnóstico sobre la realidad de su sector, un de los más afectados por la prolongada crisis económica. Durante su intervención en La Conversa 2001, junto a Erys Wilfredo Alvarado y Juan Ernesto Páez-Pumar, el vocero gremial detalló las prioridades del empresariado para devolverle la competitividad al país, centrando su análisis en tres ejes fundamentales: la presión tributaria, la política arancelaria y el debate sobre la dolarización de la economía.
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López puso en la mesa los problemas, pero también aprovechó su participación en esta multiplataforma informativa para revelar las recetas que su gremio ofrece al país.
Uno de los hallazgos más contundentes de la Encuesta de Coyuntura de Conindustria correspondiente al segundo trimestre del año ubica a la presión fiscal como el elemento de mayor impacto negativo sobre el desarrollo industrial y la competitividad en Venezuela. Según reveló López, el pago de tributos y contribuciones llega a comprometer hasta un 63% de la rentabilidad de las empresas, una cifra que asfixia la capacidad de reinversión y generación de empleos formales.
“Creo que hay que traer a los informales a la formalidad, si sea con un monotributo, un pago único, de manera que el Estado venezolano va a recaudar más y nos cargamos más a lo que viene siendo el empresariado que ya viene este pagando sus impuestos debidamente. Esa propuesta le hemos colocado en la mesa, porque también tienes por otro lado la falta de financiamiento”, explica el gremialista.
López también prende las alarmas con las cargas parafiscales. Entre estas destacan los aportes a la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI), el Seguro Social y la reciente contribución del 9% para la Ley de Pensiones, la cual coincide en propósitos con la seguridad social tradicional, generando una doble tributación sobre el mismo concepto.
A esta sobrecarga se suma el incumplimiento o falta de aplicación efectiva de la Ley de Armonización Tributaria por parte de diversos municipios y alcaldías, los cuales continúan fijando alícuotas arbitrarias. Ante este panorama, Conindustria ha presentado formalmente un paquete de ocho propuestas al Ejecutivo Nacional para construir una "nueva arquitectura tributaria":
Esta sofocación fiscal se agrava con la contracción casi total del crédito bancario en el país. López precisó que la cartera crediticia nacional apenas representa el 3% del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a unos 4.000 millones de dólares para todos los interesados en gozar de préstamos en Venezuela.
“Ese monto lo maneja una sola sucursal bancaria en Colombia. Nosotros tenemos esa cifra, pero a nivel nacional y para todos los sectores: industria, comercio y ciudadano común. Yo creo que todos los venezolanos tienen derecho a tener de tener nuevamente su crédito, su tarjeta de crédito”, afirma el dirigente empresarial.
El segundo tema neurálgico para la industria nacional radica en las distorsiones de la política de aranceles e impuestos a la importación, un factor que en muchos casos beneficia al producto terminado importado en detrimento de la materia prima procesada localmente.
Tito López explicó esta asimetría al tomar como referencia el sector farmacéutico, ramo del cual posee amplia trayectoria como empresario. Mientras que muchos medicamentos terminados importados entran al país exentos de aranceles, los laboratorios y plantas nacionales deben pagar impuestos por la importación de materia prima o insumos básicos necesarios para su fabricación interna.